Lo que no te cuentan de los viajes fotográficos con Javier de la Torre: maletas perdidas, auroras, Nueva York y por qué la foto es solo la excusa
Esta semana en Mucho Más Que Fotos volvió Javier de la Torre, y como siempre que pasa por el podcast, venía “a hablar de su libro”… aunque esta vez el libro era bastante grande: viajes fotográficos, experiencias, organización, marrones reales y esa parte que no se ve cuando alguien sube una foto espectacular desde el Ártico, Nueva York o Japón.
Porque claro, desde fuera parece muy fácil: coges la cámara, metes cuatro cosas en la mochila y te vas a cazar auroras o luces imposibles. Pero luego llega la realidad: maletas que se quedan en Madrid, seguros que no cubren lo que tú crees, ropa técnica carísima, permisos, grupos, hoteles, horarios, taxis, hospitales en Islandia y mucha experiencia acumulada a base de palos.
Y justo de eso va esta charla: de todo lo que hay detrás de un viaje fotográfico cuando se hace en serio.
Viajar al Ártico no es “me llevo la cámara y ya está”
Uno de los primeros golpes de realidad llega con el último viaje de Javier al Ártico. La idea era ir a hacer fotos, auroras y vivir la experiencia… hasta que Iberia decidió que su maleta se quedaba en Madrid.
Y no fue solo su maleta. Fue medio avión.
La gente se piensa que es coger la cámara y salir por la puerta, y al final vas con dos maletas solo para poder ir al Ártico y no morir en el intento.
Ahí se entiende rápido una cosa: en ciertos destinos, el equipo fotográfico es importante, sí, pero la equipación para sobrevivir lo es igual o más. Botas, ropa térmica, guantes, crampones, mochila, capas… no son caprichos, son necesidad.
Todo lo que conlleva preparar un viaje de esas características tiene mandanga.
Y cuando esa maleta no llega, toca hacer lo único que puedes hacer: buscarte la vida.
La maleta perdida: el momento en el que agradeces ir con alguien que ya ha sufrido antes
La anécdota de Tromsø es de las que duelen escuchándola. Llegas al destino, esperas la maleta… y nada. Te mandan a escanear un QR, la web no funciona, nadie te soluciona nada y al día siguiente tienes que empezar el viaje igualmente.
Te quedas bloqueado y dices: “¿y ahora cómo salgo de esta?”
Aquí Javier deja una de las claves más importantes de la charla: viajar acompañado de alguien con experiencia no solo sirve para que te lleve a sitios bonitos. Sirve para que, cuando todo se tuerce, alguien sepa qué hacer.
Esta es una de las ventajas de ir acompañado de alguien que ya las ha pasado canutas.
Y es que, en un viaje de este tipo, no basta con saber hacer fotos. También hay que saber reaccionar cuando la aerolínea falla, el clima se complica o el plan A se va al garete.
El truco básico: lo imprescindible, siempre contigo
Uno de los aprendizajes más útiles de toda la charla: nunca factures lo que sea imprescindible para poder fotografiar.
El equipo fotográfico, por supuesto, va contigo. Pero Javier insiste mucho en una pieza que siempre genera dudas: el trípode.
El equipo siempre va contigo, pero el trípode genera una cantidad de dudas brutales.
Después de ver a gente quedarse sin trípode en viajes de auroras, Javier acabó obsesionándose con encontrar uno que cupiera en el equipaje de mano. Y lo encontró: un trípode de carbono pequeño, plegable y suficientemente compacto como para llevarlo siempre encima.
Me obsesioné con que necesitaba llevar un trípode siempre conmigo.
La conclusión es clara: antes de viajar, pregúntate qué pasaría si tu maleta no llega. Si la respuesta es “no puedo hacer fotos”, algo falla en tu preparación.
AirTags, reclamaciones y la parte menos romántica de viajar
También sale un detalle muy práctico: llevar AirTags o localizadores en las maletas. No porque vayan a hacer que aparezcan mágicamente, sino porque al menos puedes saber dónde están.
Hubo un momento en que ellos no tenían ni idea de dónde estaba la maleta.
Y eso es desesperante. Más aún cuando sabes que no se ha perdido “por accidente”, sino que directamente se ha quedado medio avión en Madrid.
Luego viene la segunda parte: reclamar. Guardar tickets. Pelearte con aerolíneas y seguros. Y descubrir que lo que tú consideras “imprescindible” quizá ellos no.
La broma fueron unos 1200 euros… y me han pagado como 850.
El viaje fotográfico también tiene esta cara: la de la burocracia, la letra pequeña y los gastos inesperados que nadie enseña en Instagram.
Del online al contacto humano: por qué nace Lumio Photo Tours
La charla también sirve para presentar el nuevo proyecto de Javier: Lumio Photo Tours, una agencia de viajes fotográficos que nace de una idea muy concreta: recuperar el componente humano del viaje.
Después de años de formación, cursos online, comunidad y club fotográfico, Javier siente que falta algo que la pantalla no puede sustituir.
El online está muy bien, pero falta ese toque, ese contacto humano.
Y de ahí surge la idea: montar viajes que no sean solo “te llevo a hacer la misma foto que hice yo”, sino experiencias cuidadas, en grupos pequeños y con una filosofía más cercana.
No queremos vender viajes como churros. Queremos vender experiencias.
La idea no es masificar. Es viajar con gente que comparte una forma de mirar, de disfrutar y de vivir la fotografía.
Cuando te juntas con la gente adecuada, pasan cosas
Uno de los mensajes más bonitos del episodio aparece varias veces: la importancia de rodearte de gente que suma.
Javier cuenta cómo muchas ideas locas han nacido en conversaciones aparentemente absurdas: un viaje a Bali decidido después de una cena, una agencia de viajes que empieza casi como una broma, proyectos que salen adelante porque varias personas dicen “¿y por qué no?”.
Cuando te rodeas de la gente adecuada, pasan cosas.
Y ahí conecta muy bien con MMQF, porque esa misma idea está detrás de muchos proyectos fotográficos: viajes, talleres, secciones, podcasts o incluso cosas como El Arte de los Techos.
De un viaje de fotógrafos nació El Arte de los Techos.
Al final, un viaje puede ser mucho más que una lista de localizaciones. Puede ser el principio de algo.
Nueva York el 11 de septiembre: cuando la foto importa, pero la vivencia pesa más
Uno de los bloques más potentes de la charla es el viaje a Nueva York durante la semana del 11 de septiembre.
Javier habla de la ciudad de una forma muy emocional. Recuerda dónde estaba cuando vio caer las Torres Gemelas, lo que significa estar allí ese día y cómo cambia el ambiente de una ciudad que normalmente no se detiene.
Ese día, en Nueva York, como que todo baja la calma.
Cuenta una escena muy cinematográfica: estar en una calle residencial de New Jersey, viendo cómo encienden los haces de luz de prueba, y acabar hablando con un vecino desconocido sobre lo que significó aquel día.
Cuando detrás de esas fotos tienes una vivencia como esa, es increíble.
Ese es el enfoque del viaje: no solo ir a hacer la postal desde el sitio típico, sino moverse de noche, buscar puntos distintos, cruzar puentes casi vacíos y vivir la ciudad cuando ya no queda casi nadie.
Estábamos Raquel y yo solos cruzando el puente de Manhattan, viendo las luces detrás de la ciudad.
La foto es importante, claro. Pero aquí lo que engancha es la historia que hay detrás.
Lumio: grupos pequeños, descanso real y viajes cuidados
Javier lo dice sin esconderse: una agencia de viajes tiene que ganar dinero. Pero eso no está reñido con hacer las cosas bien.
No está reñido ganar pasta con hacer las cosas de una manera cuidada.
Ahí explica la filosofía de Lumio: grupos pequeños, atención real, alojamientos pensados, habitaciones individuales cuando sea posible, descanso de calidad y planificación para no convertir el viaje en una gymkana absurda.
Porque una cosa es patear Nueva York y otra muy distinta es no dormir, no descansar y acabar reventado al tercer día.
Quiero sentirme cuidado, quiero sentirme mimado.
Y esa frase resume bastante bien el tipo de viaje que quiere ofrecer: no ir “como uno más”, sino vivir una experiencia fotográfica bien pensada.
No se trata de copiar la foto del guía
Otro de los puntos clave es que Javier no quiere plantear los viajes como un “ponte aquí y copia mi encuadre”.
No se trata de decir: aquí hice esta foto, así que tú vas a hacer exactamente la misma.
La idea es llevarte a lugares potentes, sí, pero también ayudarte a mirar, a moverte, a entender la ciudad o el paisaje y a construir tus propias imágenes.
Y eso implica asumir cierto riesgo: salirse de lo obvio puede funcionar… o no. Pero cuando funciona, la experiencia es mucho más potente.
Si te vas a Times Square, vas a hacer la foto. Pero si te sales de lo normal, pasan cosas.
Ahí está la diferencia entre turismo fotográfico y viaje fotográfico con intención.
Islandia, auroras y la importancia de conocer el destino de verdad
La charla se pone muy interesante cuando se habla de destinos más extremos como Islandia o el Ártico.
Javier lo deja claro: no es lo mismo montar un viaje a una gran ciudad que llevar gente a un entorno donde el clima, el viento y las distancias pueden complicarlo todo.
El problema en Islandia no es el frío, ni la nieve, ni el hielo. Es el viento.
Cuenta experiencias muy bestias: rachas de viento de 120 km/h, tener que avanzar casi a gatas hasta el coche, carreteras complicadas, vuelos cancelados y días donde la naturaleza manda.
A mí en Islandia me ha pasado de todo.
Por eso insiste tanto en una idea: si vas a contratar un viaje fotográfico, asegúrate de que quien lo lidera conoce realmente el destino.
Asegúrate de que esa persona conoce bien el destino.
No todo vale: vender un viaje sin conocer el sitio es una irresponsabilidad
Este es uno de los bloques más críticos de la charla. Javier no entiende que haya gente vendiendo viajes a destinos que no conoce.
¿Cómo puedes llevar a gente a un sitio que no conoces?
No lo dice desde la superioridad, sino desde la experiencia: en destinos complicados, conocer el lugar no es solo saber dónde está el mirador bonito. Es saber cómo moverte, qué hacer si cambia el clima, dónde está el hospital, cómo reaccionar si hay un imprevisto o qué zonas son realmente seguras.
Estás pagando por conocimiento, por todo eso que no está en las guías.
Y esta es probablemente una de las mejores frases del episodio. Porque un viaje fotográfico serio no se paga solo por la localización; se paga por el trabajo invisible que hay detrás.
El lado menos glamuroso: hospitales, permisos y marrones reales
Hay un momento muy divertido —y muy revelador— cuando Javier dice que de Reykjavík no puede recomendar casi nada turístico, porque lo que más conoce son los hospitales.
Yo de Reikiavik solo conozco hospitales.
Y ahí, entre risas, se entiende todo: la experiencia de un guía no se mide solo en sus mejores fotos, sino en los problemas que ha sabido resolver.
También habla de permisos, burocracia, agencias, normativas y todo el lío que ha supuesto montar Lumio de forma legal.
Ha sido una puñetera gincana.
Ese bloque es importante porque muestra la parte que nadie ve: para ofrecer un viaje bien montado, no basta con tener seguidores y fotos bonitas. Hay que hacer las cosas con estructura, responsabilidad y papeles en regla.
Los próximos viajes: Nueva York, Islandia, Tokio, Vietnam, Namibia…
Durante la charla también salen varios destinos que forman parte del futuro de Lumio:
- Nueva York, con el 11-S como punto fuerte.
- Islandia, para auroras y paisaje.
- Tokio, de la mano de Alberto Urra y la fotografía cyberpunk.
- Vietnam y Camboya, con fotógrafos que viven allí.
- Namibia, liderada por alguien que sí conoce el destino.
- Y posibles colaboraciones futuras con El Arte de los Techos.
Para mí es imprescindible que alguien que te lleve a un sitio lo conozca.
Y esa es la línea que recorre todo el proyecto: cada viaje con alguien que lo haya vivido, lo haya pateado y sepa qué está vendiendo.
América, China, Asturias y la eterna pregunta: ¿dónde hacer fotos?
En la parte final, llegan preguntas de la comunidad y Javier se moja bastante.
Cuando le preguntan por el continente más espectacular para paisaje, lo tiene claro:
Para paisaje, América.
Y lo justifica rápido: desde Canadá hasta Tierra de Fuego, la variedad es brutal. Pero también avisa de algo muy interesante: China es la gran desconocida.
Cuidado con China, que China es descomunal.
Habla de paisajes brutales, zonas controladas por el ejército y lugares a los que no se puede acceder fácilmente. Es uno de esos momentos que te deja pensando que todavía conocemos muy poco del mundo fotográfico fuera de los circuitos habituales.
Y cuando le preguntan por comunidad autónoma española, no duda:
Asturias lo tiene todo: costa, montaña, bosques y ciudades.
Cyberpunk, cinematográfica o paisaje: una evolución natural
Javier también habla de cómo ha ido evolucionando su fotografía. Empezó muy fuerte con paisaje, luego llegó la fotografía urbana, después el cyberpunk en Japón y Tokio, y más tarde la fotografía más cinematográfica, que puede hacer incluso en Madrid.
Ahora mismo te diría cinematográfica, pero dentro de diez minutos te digo cyberpunk.
Y esa frase resume muy bien cómo entiende su evolución: no como abandonar una cosa por otra, sino como ir cambiando según el momento vital, el cuerpo, las ganas y el tipo de viaje.
Porque sí, el paisaje le sigue encantando, pero cada vez le apetece menos “estar dando tumbos por ahí” y más explorar ciudades con calma.
Un beso y un adiós: salvar la emoción y mandar las redes a paseo
El cierre del episodio deja una reflexión preciosa. En la sección de “Un beso y un adiós”, Javier lo tiene claro:
A tomar viento: las redes sociales.
Mandaría a tomar por culo las redes sociales.
Y lo que salva con cariño es mucho más importante:
Al final las fotos son una puñetera excusa.
Habla de emoción, de vivir, de sentir, de estar allí. De entender que cuando alguien ve una foto bonita, lo que no ve es que el fotógrafo estaba al otro lado de la cámara viviendo ese momento.
Lo importante no es hacer la foto. Lo importante es estar allí para hacer la foto.
Ese es el mensaje más potente de toda la charla. Y conecta con esa escena de Walter Mitty en la que el fotógrafo no dispara porque prefiere vivir el momento.
Este episodio con Javier de la Torre no va solo de viajes fotográficos. Va de por qué viajamos con una cámara, qué buscamos cuando salimos al mundo y qué diferencia hay entre coleccionar cromos y vivir experiencias de verdad.
Hay mucha técnica, mucha logística y mucha realidad: maletas perdidas, seguros, trípodes, viento, hoteles, permisos y viajes que se complican. Pero debajo de todo eso hay una idea muy sencilla:
la fotografía es una excusa para estar allí, mirar mejor y vivir algo que merezca la pena recordar.
Para terminar
¿Tú qué prefieres en un viaje fotográfico: ir a tiro hecho a por la foto soñada o dejar espacio para que pasen cosas inesperadas?
Y otra pregunta:
¿te irías antes a Nueva York el 11-S, a Islandia a por auroras o a Tokio a hacer cyberpunk?
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