Mario Cea y Quique Navarro: alta velocidad, fauna creativa y la paciencia que ya casi no tenemos
Esta semana en Mucho Más Que Fotos tuvimos una de esas charlas que huelen a campo, a flashes, a noches largas y a fotos que parecen imposibles… pero no lo son. Nos visitaron Mario Cea y Quique Navarro, dos nombres enormes dentro de la fotografía de naturaleza, especialmente cuando hablamos de fauna creativa, alta velocidad, barreras, flashes y mucha, muchísima paciencia.
Y lo mejor de la charla es que no se queda en “mira qué fotón”. Aquí se habla de cómo se hacían estas fotos antes, cuando no había pantalla para revisar, cuando un error costaba dinero de verdad y cuando una sesión podía resumirse en esperar, esperar… y seguir esperando.
“Viene gente con paciencia. Eso que vosotros no tenéis ahora.”
Una charla muy técnica, muy de campo y muy MMQF: con anécdotas, cacharros, historia fotográfica y alguna que otra colleja a la inmediatez que nos está comiendo.
De un 100-400 en Namen Color a una amistad de más de 25 años
La historia entre Mario y Quique empieza casi como empiezan muchas historias fotográficas buenas: con un objetivo de segunda mano, una tienda, una conversación… y unas fotos que te dejan mirando.
Quique cuenta que conoció a Mario cuando fue a ver un Canon 100-400 de segunda mano a Namen Color. Mario entró a por el objetivo, pero acabó encontrándose con algo más: unas copias grandes de fotografías de alta velocidad que Quique tenía casi arrinconadas.
“Yo las miraba desde lejos y decía: vaya fotos, macho.”
A partir de ahí nació una amistad que lleva ya más de 25 años, muchas salidas al campo, quedadas con otros fotógrafos y una pasión compartida por la fauna y la fotografía hecha con calma.
Quique Navarro: empezar directamente por lo difícil
Lo normal cuando alguien empieza en fauna es fotografiar pájaros posados, probar un teleobjetivo, hacer retratos de animales… pero Quique no empezó así. Él vio un libro, se obsesionó y fue directo a la parte complicada: fotografía de alta velocidad.
“Vi el libro Siete años con las aves, de Ricardo Vila, y dije: yo quiero hacer esto.”
Y aquí está una de las claves del episodio: la alta velocidad no era “un recurso más”, era el centro de todo. Quique no quería simplemente fotografiar fauna. Quería capturar el instante imposible, ese momento en el que el animal aparece congelado en pleno vuelo o justo en el punto exacto.
“Yo no hacía fotos de un pájaro posado en una rama. Solo hacía fotografía de alta velocidad.”
Mario Cea: de acercar lo lejano a mezclar fauna, paisaje y noche
Mario también venía de la fauna, pero desde otro camino: el digiscoping, esa locura maravillosa de poner una cámara compacta detrás de un telescopio y pelearte con todo en manual.
“Digiscoping era ponerle una cámara compacta a un telescopio… aquello era una locura.”
Pero de ahí fue evolucionando hacia una forma muy personal de fotografiar: fauna, sí, pero también paisaje, noche, composición y escenas donde todo parece alinearse. En su caso, la fotografía se convierte en una mezcla de gustos que acaban dentro del mismo bol.
“Al final los gustos se te van acumulando ahí en un mismo bol y le das tu forma.”
Y esa “forma” es justo lo que hace reconocibles muchas de sus fotos: no son solo animales, son escenas con intención.
Alta velocidad en analógico: cuando fallar dolía de verdad
Uno de los bloques más potentes de la charla es el viaje al pasado. Porque ahora hacemos pruebas, miramos pantalla, corregimos y seguimos. Pero antes no. Antes había carrete, diapositiva, pilas, flashes, paciencia… y mucha incertidumbre.
Quique recuerda trabajar con una Rolleiflex / Rollei de medio formato, no por capricho, sino porque permitía sincronizar el flash a velocidades más altas. Y eso, para alta velocidad, era oro.
“La compré porque las cámaras de medio formato sincronizaban con el flash a velocidades más altas.”
También habla del coste real de aquella época: cámaras carísimas, objetivos carísimos, carretes, revelado… y el hecho de no saber si lo que estabas haciendo funcionaba hasta bastante después.
“Ahora le das al play y lo ves en la pantallita. Antes tenías que calcularlo todo.”
Y cuando decimos “todo”, es todo: encuadre, foco, luz, retardo de la barrera, recorrido del animal y si el bicho decidiría pasar por donde tú querías… que esa es otra.
La clave no es montar cuatro flashes: es conseguir que el animal pase
Hay una frase que resume perfectamente la dificultad real de este tipo de fotografía. Muchas veces la gente ve una imagen y piensa que lo complicado es el montaje técnico. Y sí, lo es. Pero lo verdaderamente difícil es otra cosa.
“La foto es poner cuatro flashes, la cámara y el disparador. Lo complicado es que venga el bicho.”
Esa idea aparece muchas veces en la charla: puedes montar un pequeño estudio en el campo, puedes tener flashes, barreras, cámaras y objetivos… pero el animal no es un modelo contratado. No aparece cuando tú quieres, no repite la toma y no entiende de planificación fotográfica.
“El paisaje está ahí. Los bichos los tienes que traer.”
Ahí está el verdadero oficio: conocer especies, rutinas, posaderos, recorridos, horarios y comportamiento.
Barreras infrarrojas: necesarias, pero no mágicas
La famosa barrera infrarroja aparece mucho en la conversación. Y se explica muy bien que no es un botón mágico que hace fotos imposibles. Tiene retardo, hay que calcular dónde corta el animal, dónde estará cuando dispare la cámara y cuántos centímetros se habrá movido.
“Desde que el bicho corta la barrera hasta que salta la cámara hay unas milésimas.”
Por eso, en muchas ocasiones, tanto Mario como Quique prefieren disparar ellos mismos si están presentes. Pero hay casos donde la barrera es imprescindible: murciélagos, golondrinas entrando por una ventana, aves saliendo de un hueco… momentos donde el ojo humano no llega.
“No tenemos los reflejos suficientes para disparar nosotros en el momento justo.”
La barrera ayuda, sí. Pero no sustituye al conocimiento ni al trabajo previo.
Flashes: de baterías de coche a Godox con litio
Otro momentazo técnico: la evolución de los flashes. Quique y Mario recuerdan aquellos tiempos en los que los equipos de alta velocidad usaban auténticos armatostes, incluso alimentados con baterías de coche, para poder aguantar una sesión.
“Los flashes que se utilizaban antes eran auténticos armatostes alimentados con baterías de coche.”
Hoy trabajan con flashes pequeños, rápidos, con baterías de litio, control por radio, reciclado más estable y una temperatura de color mucho más constante. Y eso ha cambiado el juego.
“Cuando llegaron los Godox con batería de litio dijimos: esto es ciencia ficción.”
Pero también dejan clara una cosa: aunque la tecnología ha avanzado muchísimo, el concepto sigue siendo el mismo. Necesitas luz para iluminar y, sobre todo, para congelar el movimiento.
El campo como estudio: fondos naturales, fondos artificiales y trucos de oficio
Una de las partes más visuales de la charla llega cuando se muestran fotos antiguas de Quique. Ahí se habla de fondos, de luces, de cultivos de maíz convertidos en decorado y de fondos artificiales pintados o iluminados para conseguir ese ambiente tan reconocible de la alta velocidad clásica.
“Yo veía las fotos y decía: ¿cómo demonios hace esto?”
Quique cuenta que estudiaba imágenes de otros autores durante horas, intentando descifrar cómo estaban hechas. Y como muchas veces los libros no lo contaban todo, tocaba hacer lo de siempre: prueba, error, prueba, error.
“Este no decía ni mu. Así que prueba-error, prueba-error.”
Aquí el episodio tiene mucho valor porque enseña algo que en Instagram no se ve: detrás de una foto hay mucha prueba fallida, mucho ensayo y mucha observación.
Equipo actual: Sony, Canon, Olympus… y menos guerra de marcas
También hay bloque de equipo, pero sin convertirlo en catálogo. Quique habla de su paso por Olympus y de cómo valora mucho sus prestaciones, pero explica por qué en ciertas situaciones necesita un zoom largo como el 200-600.
“Cuando voy al hide trabajo con el 200-600 porque necesito un objetivo zoom.”
Mario, por su parte, cuenta que lleva prácticamente toda la vida con Canon, marca con la que trabaja desde hace décadas y con la que además colabora como embajador.
“Llevo casi 30 años con Canon y no he cambiado jamás de marca.”
Lo interesante es que no se queda en el típico “mi marca es mejor”. Al contrario: se habla de cómo antes todo era Canon vs Nikon, y ahora el panorama es mucho más abierto.
“Antes era o del Madrid o del Barça. Ahora el abanico se ha abierto muchísimo.”
Qué recomendarían para empezar en alta velocidad
Para alguien que quiera meterse en este mundo, la recomendación es bastante clara: empezar por lo esencial y fiable.
En flashes, Quique lo tiene claro:
“Para fotografía de alta velocidad, flashes Godox, sin duda.”
Y en barreras, recomienda una que lleva usando desde hace más de dos décadas.
“La MJ es la más básica, pero la más fiable.”
Pero por debajo de todo eso está la recomendación real: antes de lanzarse a comprar cosas, hay que entender la técnica, conocer el campo y saber qué quieres fotografiar. Porque el equipo ayuda, pero no hace aparecer al animal.
Concursos, jurados y la parte subjetiva del reconocimiento
Durante la charla también se habla del Campeonato del Mundo de Fotografía, de la medalla de bronce de Mario, del oro de Dani Viñé y de la plata del equipo español. Un momento para celebrar, pero también para reflexionar sobre lo subjetivo que puede ser juzgar una fotografía.
“Cada uno tenemos nuestra propia visión.”
Mario lo explica muy bien: hay fotos que impactan por técnica, otras por mensaje, otras por emoción, otras por dificultad. Y el jurado tiene que valorar muchas capas a la vez.
“Hay una parte técnica, una parte humana y una parte de mensaje.”
Y deja una idea muy sana: los concursos son importantes, sí, pero no pueden ser el único reflejo del valor de una fotografía.
Photoshop, IA y la frase que enciende la vena
Uno de los momentos más divertidos —y más reales— es cuando Quique cuenta que tenía el libro de Mario en la tienda y mucha gente lo hojeaba diciendo aquello de:
“Esto es todo Photoshop.”
Y claro, cuando sabes el trabajo que hay detrás de esas imágenes, duele. Porque muchas veces la gente llama “montaje” a algo que simplemente no entiende.
“No tienes ni idea de lo que estás diciendo.”
Luego el debate va un paso más allá con la inteligencia artificial. Mario no demoniza la IA en general; al contrario, reconoce que puede aportar muchísimo. Pero en fotografía de fauna lo tiene bastante claro: si quieres una foto de un abejaruco volando, sal al campo y hazla.
“¿Quieres hacer una foto de un abejaruco? Sal al campo y haz una foto de un abejaruco.”
Y ahí aparece el gran tema: la inmediatez. Ese ecosistema donde pides una imagen y un ordenador te la genera, saltándote justo lo más importante de la fotografía de naturaleza: vivirla.
La parte más bonita: la pasión, los amigos y los momentos en el campo
Casi al final llega una de las reflexiones más potentes del episodio. Cuando Pau lanza la sección de “El beso y el adiós”, Mario y Quique coinciden mucho.
Lo que mandarían a paseo: el exceso de edición, la intención de engañar, la IA usada para reemplazar la experiencia real.
Lo que salvarían siempre: la pasión por estar en el campo.
“Todo el mundo que se dedica a esto debería conservar siempre la pasión.”
“La satisfacción de estar en el campo, disfrutar de los momentos y de los amigos… eso no se puede perder.”
Quique lo remata con una idea muy bonita: los mejores recuerdos no son solo las fotos, sino las noches en el coche, los montajes, las esperas, las merendolas, los amigos y esas salidas donde quizá no sale la foto perfecta, pero sí una historia que recordar.
“Los momentos con los amigos en el campo es lo que más me gusta con diferencia.”
El disfrute por encima del archivo perfecto
Hay una frase hacia el final que resume muy bien el espíritu de toda la charla. Se habla de gente que dispara miles de fotos y de cómo cada disciplina tiene su forma de trabajar. Pero aparece una idea preciosa: si estás disfrutando de verdad, eso también tiene valor.
“Estoy disfrutando lo que hago y no me importa lo que venga detrás.”
Porque sí, luego habrá que borrar, seleccionar, editar y organizar. Pero el momento de campo, la espera y la emoción de intentarlo siguen siendo el motor.
Cierre
Este episodio con Mario Cea y Quique Navarro es una joya para cualquiera que ame la fotografía de naturaleza, pero también para quien quiera entender una cosa: las fotos imposibles no aparecen por magia. Aparecen por paciencia, técnica, conocimiento del animal, muchas pruebas fallidas y una pasión enorme por el campo.
Hay flashes, barreras, sensores, cámaras, objetivos y tecnología. Pero lo que sostiene todo es algo mucho más simple: salir, observar, esperar y disfrutar del proceso.
Y quizá por eso esta charla funciona tan bien: porque habla de fotografía, sí… pero también de amistad, oficio, respeto y amor por la naturaleza.
Para terminar
¿Tú qué valoras más en una foto de fauna: la dificultad técnica, el momento capturado o la historia que hay detrás?
Y otra pregunta:
¿Crees que la inteligencia artificial puede convivir con la fotografía de naturaleza… o en fauna la experiencia real es insustituible?
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